Al encuentro de la masculinidad




Años caminando.


Atravesando profundos desiertos de densa arena. Lagos, mares y ríos caudalosos algunos, otros, pequeños remansos de agua. Y los que parecen estar secos, por el verdor que brota en sus veredas, se percibe como desde su interior fluye el agua del cual se alimentan, como el recuerdo de mis ancestros, para que en los días de lluvia las gotas sepan por donde pueden deslizarse.

También hay grandes praderas donde los búfalos se reúnen plácidamente. En ellas me dejan descansar al abrigo de sus lomos. En ambos están el temor de la traición y aun así vivimos días juntos.

Un día quise volar. Y en lo alto de una atalaya, llenándome de la vida que se introducía por mis sentidos, abrí los brazos batiéndolos al aire. Más no pude elevarme. Soy hombre de tierra y mis grávidos pies se agarran al suelo.

¡Ay! El anhelo de querer ser empujado por el viento.

Y en muchos de estos momentos, de compañero el silencio.

Tras la impronta, las primeras succiones del pecho de la madre. Más tarde el guardar para uno mismo sentimientos, emociones y palabras que algunas quedaron en el tintero, otras en la pluma que gota a gota, se iba derramando por el suelo. Más tarde el polvo del camino las cubrió para dejarlo todo en el olvido.

Ahora cuando el ser digno y hombre se juntan, la responsabilidad llama a una puerta roída por los años de viento, lluvia…

Los goznes rozan por el óxido acumulado y de la oscuridad brota un suspiro a ritmo de campanadas de despedida que se alejan según mis pasos se adentran en esa habitación jamás habitada.

El calor de una llama ilumina un circulo sagrado a cuyo alrededor cuatro almas deseosas de encontrarse se van asentando.

Y de nuevo el silencio, roto por el bastón de poder.

De pronto la imaginación se dispara, ¡bendita seas compañera!, para vestirme con las ropas del guerrero que ha dejado fuera el hacha, el escudo y coraza que me protegían. Aquí ya no son necesarias.

El bastón da el poder de la palabra para decir desde el corazón tal y como me siento, quiero, necesito…

Como aquellos, bajo la tela de un tipi, al abrigo del fuego, la voz del hombre se alza para transformar desde mi interior, el exterior que me rodea y alienta.